Se cuenta que tras la muerte de su esposa, Quetzalcóatl, decidió regalar el cacahuaquahtl, el alimento de los dioses a los toltecas. Y se cuenta de generación en generación, que con la sangre de esta princesa se fertilizó la tierra. Su fruto era amargo, como el sufrimiento que había padecido; fuerte, como había sido ella ante la adversidad; y oscuro como la sangre derramada.
Sin duda se trata de un alimento cargado de mitos y leyendas extendido por todos los rincones del mundo. Lo puedes encontrar en múltiples estados y texturas y evoca deseos y sensaciones. Entonces que os parece... ¿Apuntamos hacia el nuestros objetivos?













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