La fotografía, como todo arte, tiene su parte subjetiva y lo que a unos gusta, a otros puede que no tanto. Es cierto que existe una parte de la fotografía que sí puede ser valorada objetivamente, me refiero a la parte más técnica, aquello relacionado con la exposición, por ejemplo. Sin embargo, si el artista quiere romper con estas reglas y exponer de una manera "no ordinaria" para llegar a expresar lo que quiera con sus imágenes, en principio, no parece que se le pudiera decir que su fotografía está mal hecha. Entonces, ¿no se puede valorar una fotografía de manera objetiva? Poder hacerlo sería bastante útil, sobre todo para el proceso de aprendizaje. Por esto, hoy vamos a ver una posible manera de valorar de manera objetiva nuestras fotografías, veremos qué debemos observar, cómo valorarlo y para qué nos puede servir.
Ya sabemos que una imagen es una gran suma de factores: los hay técnicos (como la exposición, la iluminación, la composición) y los hay emocionales (la historia que hay detrás de la toma), entre muchos otros. Así pues, parece que un método razonable para valorar una fotografía de la manera más objetiva posible debería diferenciar los distintos elementos que la conforman. Si aprendemos a apreciar y valorar cada punto de nuestra imagen de manera individual, examinar una fotografía (y una obra de arte en general) nos será mucho más fácil. Vamos a ver qué puntos pueden ser interesantes examinar para poder apreciar una imagen de manera objetiva:
Ahora ya sabemos qué elementos vamos a mirar y analizar. Toca dar el siguiente paso: valorar. Quizás sólo con plantearte las preguntas que hemos ido diciendo ya te hagas una idea de si la fotografía en cuestión objetivamente es buena o no tan buena. El caso es que, si queremos ir más allá, podemos inventarnos un sistema de puntuación para hacerlo todavía más "matemático". Como he dicho en la introducción, la fotografía (ni cualquier otra disciplina artística) no puede valorarse 100% objetivamente porque en ella se mezclan aspectos técnicos y aspectos emocionales (que son los que más se escapan de un esquema de puntuaciones). Aún así, hacer el ejercicio de intentar estudiar una fotografía separando todos sus elementos como ya hemos visto (o de otra manera parecida) puede ayudarnos mucho a la hora de saber por qué una imagen está tomada como está tomada. Y eso nos puede ayudar a evolucionar en nuestra propia manera de ver y vivir la fotografía. Así que, una vez analizados los distintos puntos analizables de una fotografía, podemos intentar ponerle una puntuación independiente a cada uno de ellos.
Nosotros, que partimos de cinco elementos analizables, podemos designar una puntuación máxima para una fotografía de 100 puntos (20 puntos por elemento) e ir puntuando, una por una, las distintas facetas de nuestra fotografía. Sí, quizás la teoría es un poco lío, vamos a por la práctica con esta foto de Gonzalo Iza:
Empezaremos por la técnica. La imagen está correctamente expuesta. El histograma muestra que existen todos los niveles de luz en la fotografía, así que nos encontramos ante una imagen equilibrada, con todos los rangos de luces. El autor usó un diafragma bastante cerrado (f9) con el fin de mantener enfocada tanto la chimenea como las nubes del cielo, permitiendo así el juego visual que dota de sentido la fotografía. Así pues, por todo lo dicho, en el apartado de técnica se merece los 20 puntos.
Si analizamos la composición, vemos que sí hay, claramente, un punto de atención en la fotografía: lo alto de la chimenea, de la que parece que salga humo. Este punto de atención está situado en un lado del encuadre, dotando la imagen de dinamismo, pues el resto de nubes se encuentran a la izquierda y eso da sensación de movimiento, de que el viento se las está llevando. Sin embargo, el punto de atención no se encuentra en uno de los puntos fuertes de la imagen (aquellos determinados por la regla de los tercios). Esto en absoluto es molesto visualmente pues los pesos se encuentran repartidos de manera agradable (la chimenea abajo a la derecha y las nubes arriba a la izquierda) y, además, se han generado unas líneas atractivas que van desde lo más bajo de la chimenea (en la esquina inferior derecha) hasta la esquina superior izquierda, después de haber seguido visualmente, todas las nubes. Sin embargo, si Gonzalo hubiera colocado ese punto de interés en una posición un pelín más baja (lo justo para que coincidiera con el punto fuerte inferior-derecho de la regla de los tercios) hubiera evitado que esa nube que aparece por detrás de la chimenea (y que visualmente molesta un poco) entrara en el cuadro. Por todo esto, yo le daría 17 puntos de composición.
Vamos a hablar ahora del valor. Se trata, en apariencia, de una fotografía simple: en la que sólo aparece una chimenea y unas nubes. Lo que tiene valor en la fotografía no es, por lo tanto, lo retratado, sino el cómo se ha retratado. Así, la composición tiene un peso más grande en el valor de la fotografía. Es una imagen cotidiana, de algo que siempre está ahí. Así que, siguiendo lo dicho, le daría 10 puntos de valor a la imagen que nos ocupa.
Para poder hablar del estilo, es útil, como ya hemos comentado antes, conocer el trabajo del autor. En este caso, Gonzalo suele trabajar mucho el procesado de sus imágenes para terminar de transmitir con ellas lo que quiere. Si observamos la foto original, podremos hablar mejor del estilo del fotógrafo:
Como podéis ver, Gonzalo ha optado por convertir la fotografía original en una imagen en blanco y negro para darle mayor dramatismo a la toma. Además, se ha suprimido de la imagen final la ramita del árbol porque no aportaba nada, sólo distraía visualmente. Sin embargo, no creo que fotográficamente (sin tener en cuenta el procesado posterior) esta imagen tenga mucha relación estilística con el resto de imágenes del autor. Por otro lado, el estilo de la fotografía nos recuerda al estilo del fotógrafo madrileño Chema Madoz, lo cual significa que, estilísticamente, no es una fotografía muy personal. Así pues, le daría otros 10 puntos a la fotografía en calidad de estilo.
Finalmente, queda hablar de la habilidad. Es cierto que se necesita tener un buen ojo para poder captar esta imagen. Se necesita una creatividad bastante elevada para poder abstraer las nubes y transformarlas en humo. Además, pasado este punto, es necesario un plus de paciencia y ojo fotográfico para conseguir la nube perfecta que cuadre bien con la chimenea. Sin embargo, el recurso de utilizar las nubes como si fueran humo no es muy original: se ha utilizado bastante. Con todo esto, valoro la habilidad de esta fotografía con 15 puntos.
20 (técnica) + 17 (composición) + 10 (valor) + 10 (estilo) + 15 (habilidad) = 72 puntos sobre 100.
¿Te has fijado? Mi valoración objetiva también es subjetiva. Seguramente si tú mismo te pusieras a analizar la misma fotografía, siguiendo la misma pauta que he seguido yo, la puntuación total sería distinta. Con esto vengo a decir que no es posible una valoración 100% objetiva de una fotografía ni de ninguna obra de arte. En la valoración que te hagan de tu trabajo siempre estarán presentes los ojos de la persona que lo observe. Si, aún así, quieres conseguir una imagen lo más objetiva posible de alguno de tus trabajos, siempre puedes pedirle a varias personas que lo analicen y, luego, poner en común todas las críticas (positivas y negativas) que se hagan sobre tu fotografía. Así, obteniendo diferentes puntos de vista, podrás profundizar más sobre tu trabajo.
De todas maneras, no te obsesiones con las valoraciones y puntuaciones de tus trabajos. Haces fotografías porque te gusta, ¿no? Pues que así sea! Intentar valorar objetivamente una imagen puede ayudarte a mejorar, a aprender y a ver las imágenes con otros ojos. Pero nunca, al menos en mi modesta opinión, debería ser lo que más te importe de realizar fotografías.