Vale: la situación es la siguiente. Le has cogido gusto a la fotografía y cada vez tienes el dedo más caliente. El caso es que disparas y disparas: cada vez tomas más fotos. Y te has dado cuenta de que, para que una foto esté presentable no basta con descargarla en tu ordenador. Hay ciertos ajustes (enderezar, reencuadrar, niveles, saturación...) que necesitas hacer. En otros casos, quieres darle un toque especial con algún que otro efecto espectacular. El caso es que cada foto tiene un trabajo posterior que no tienes muy bien sistematizado, pero que sabes que tienes que hacerle. Y, mientras tanto, tu archivo fotográfico sigue creciendo. ¿Sabes de lo que te hablo? ¿Te pasa lo mismo? Pues bien, que sepas que tu problema tiene una solución sencilla. Sigue leyendo y te contaré cómo tener siempre a punto tu archivo de fotos con un buen Flujo de Trabajo.
El flujo de trabajo empieza en el instante en que quieres sacar las fotos de la cámara. Es importante que seas muy ordenado y que sigas siempre los mismos pasos y de la misma manera para asegurarte de tener todas las fotos en tu archivo, limpias y bien descritas. No hay un único flujo de trabajo válido, sino que cada fotógrafo puede definir el suyo. A modo de ejemplo, te propongo una secuencia de acciones que podría tener tu flujo de trabajo:
Se trata de un proceso tedioso pero necesario. Afortunadamente existen multitud de programas que nos facilitan mucho la vida a la hora de poner en práctica nuestro Flujo de Trabajo. En este sentido una de mis últimos grandes descubrimientos ha sido Lightroom. ¿Lo conoces? ¿No? Pues permanece atento. Muy pronto, en dZoom te desvelaremos los secretos de este fantástico paquete para los amigos de la fotografía.