He aprovechado este largo fin de semana (el viernes fue festivo en España) para bucear por mi archivo fotográfico y preparar algunos collages para los abuelos, que sé que les encantan. Ver las fotos que hacías al principio y las que haces ahora es un ejercicio muy interesante: te da la perspectiva de las cosas que has aprendido y (por supuesto) las que te quedan por aprender. Yo me he encontrado con fotos que hice hace tiempo, varios años ya, de momentos irrepetibles y en las que ¡demonios! cometí errores que, a buen seguro, hoy no habría cometido. Y he pensado que mi mejor penitencia podría ser contártelos para que no te pasen a ti también.
Ya lo hemos hablado muchas veces en dZoom. No obstante, me gustaría empezar esta recopilación de consejos recordando que no hay verdades inmutables en fotografía. Reglas básicas muy utilizadas en composición (como la archiconocida regla de los tercios) son rotas a menudo por grandes fotógrafos en fotos mágicas. Ahora bien: eso no quiere decir que las reglas no tengan su utilidad (las fotos que las siguen, normalmente "funcionan") y que para romper las reglas y tener buenos resultados hay que tener un puntito de genio.
Si trabajas con mucha profundidad de campo, no lo vas a notar. Pero a poco que abras el diafragma empezarás a notar la diferencia de enfocar a la nariz o a los ojos. Si tienes que elegir un punto del rostro para tener enfocado, sin dudarlo: que sean los ojos. A la hora de recorrer un retrato, los ojos del observador buscan los ojos, y si estos no están enfocados tu instantánea pierde mucho.
Hay multitud de ocasiones en las que un fondo que no está bien elegido puede arruinar una foto. Por cuestiones de luz (demasiado claro), profundidad de campo (demasiado detalle), elementos llamativos, etc el fondo puede desviar la atención de nuestro primer plano y evitar que éste destaque. Así que, no lo olvides: piensa en lo que quieres fotografiar, y busca la ubicación adecuada que te permita elegir el fondo que necesitas.
Especialmente en distancias cortas. A tales focales se produce un efecto de distorsión por el cual los rostros aparecen como hinchados. Entre 70mm y 85mm tienes focales que suelen dar muy buenos resultados en retratos. Si subes de esa cifra, podrás además aumentar la difusión del fondo y centrar la atención en la persona.
Yo tenía como excusa que mi primera cámara no permitía disparar en RAW. Pero si la tuya lo permite, no seas perezoso y dispara en RAW: no hay color. Aunque luego te suponga algo más de trabajo porque para compartir tus fotos tengas que convertirlas a JPEG. Guardarás tus recuerdos con muchísima más calidad y capacidad de ajuste. Incluso aunque hoy no sepas cómo sacarle todo el partido al RAW,
puede que mañana sepas, o conozcas a alguien que sepa. Y si llega la circunstancia y lo que tienes es un JPEG, pudiendo tener tu RAW, te vas a lamentar. Te lo garantizo.
Culpable: en mis orígenes en fotografía pensaba que cuanta más intensa fuera la luz mejor. Esta fue una de las primeras lecciones que aprendí: mejor luz blanda que dura. La luz directa del sol genera sombras muy oscuras que tienen que convivir con áreas fuertemente iluminadas. Gran rango dinámico (que es difícil que la cámara pueda capturar) y pérdida de detalles. La luz difusa y suave genera transiciones más progresivas y suele dar mejores resultados. Por eso, en exteriores, si estás en las horas centrales del día, en general, busca la sombra, espera que llegue una nube (si es que las hay a la vista) o, si puedes, espera a que baje el sol.
Me imagino que a ti te habrá pasado algo parecido. Cuando miras algunas de tus fotos antiguas te das cuenta de algunos errores y te gustaría haber sabido... ¿qué?. ¡Cuéntanoslo en los comentarios!