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En Bueida, dejo el coche y echo a andar, casi enseguida empiezo a pisar nieve, a lo lejos veo mi objetivo: El Llaseiru
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A pesar de la fuerte pendiente y la gran cantidad de nieve, el camino no se hace duro por la belleza del paisaje y las frecuentes paradas.
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Al fín, llego al Llaseiru, lo que en verano es una hermosa y soleada pradera, ahora está cubierto de nieve y casi permanentemente en sombra por estar al pie de un inmenso murallón.
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Pero esa cabaña, siempre me enamora.
Mañana más
Un saludo







